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Land Rover Range Rover Sport TDV8 vs. BMW X6: Culto al deporte
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ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos Víctor M. Fernández Fotos Jesús Izquierdo
El BMW X6 y el Range Rover Sport parecen los coches idóneos para aquellos que busquen un 4x4 con la etiqueta de “deportivo”. Con ellos, el culto al deporte está asegurado, gracias a la enérgica respuesta de sus potentes motores turbodiésel y a unas cualidades dinámicas excelentes, aunque sin renunciar a todo el lujo propio de los todoterreno del segmento premium.
El X6 es un concepto nuevo que en BMW denominan “Sports Activity Coupe” (“cupé de actividades deportivas”). Es decir, partiendo sobre la base del X5, se han sacado de la manga un producto completamente novedoso en el cual han hecho especial hincapié en sus cualidades dinámicas, remarcando una estética de vehículo cupé con cuatro puertas. Probablemente, BMW haya creado con el X6 un nuevo segmento al que no tardarán en unirse otras marcas. 
Después de la prueba a fondo que realizamos con el X6 xDrive35i de gasolina (Mundo 4x4 nº 49), también hemos querido comparar con sus competidores la versión turbodiésel más potente (XDrive35d). Encontrarle rivales al X6 no ha sido sencillo y tan solo el Range Rover Sport TDV8 ha aparecido como digno adversario. Así pues, hemos juntado estos dos aparatos que tienen en común un poderoso motor turbodiésel con doble turbo y unas cualidades dinámicas de primer orden sobre la carretera, aunque también muestran importantes diferencias fuera del asfalto (mientras que el X6 es un todo camino, el Range Sport es un todo terreno) y en el interior (el X6 tiene sólo cuatro asientos y el Range cuenta con cinco plazas). Al margen de las definiciones y la mercadotecnia, lo cierto es que el nuevo X6 xDrive35d es una máquina que impresiona. No sólo por su peculiar diseño (que llama claramente la atención de la gente), sino también porque se mueve con una soltura ejemplar sobre el asfalto y pocos vehículos de su tamaño y peso serán capaces de hacerle frente. El motor BMW de seis cilindros en línea y doble turbo desarrolla nada menos que 286 CV y tiene un funcionamiento imponente. Incluso en las marchas largas, es capaz de empujar pleno de energía entre 1.600 rpm y la zona roja del cuentavueltas (a 4.800 rpm), mostrando una elasticidad sobresaliente en todo momento. Además, el rápido funcionamiento de la caja automática Steptronic y el acertado escalonamiento de sus seis marchas permite aprovechar a la perfección semejante poderío y se traduce en unas prestaciones impresionantes, teniendo en cuenta sus casi 2,2 toneladas de peso. En el Range Sport tampoco se ha escatimado en medios y su motor V8 biturbo desarrolla 272 CV y un impresionante par máximo de 620 Nm. Si el propulsor BMW es todo un ejemplo de suavidad, el V8 del Range sublima la finura y la escasa sonoridad, aunque el descomunal peso del conjunto (2.675 kg) resulta un lastre insalvable a la hora de hablar de prestaciones y consumo. Al volante, el Range Sport TDV8 aporta excelentes sensaciones y nos permite abordar con celeridad cualquier adelantamiento, pero parece jugar en otra división si lo comparamos con el empuje y brío del X6 xDrive35d. Semejante peso se manifiesta también en el consumo, claramente superior en el Range. Si bien las cifras pueden parecer incluso altas para unos modelos turbodiésel, lo cierto es que son una simple anécdota respecto a lo que gastaría un 4x4 de sus características con motor de gasolina. Ambos modelos tienen unas prestaciones realmente brillantes sin prescindir de un consumo todavía razonable. Teniendo en cuenta todo lo que pesan, lo más sorprendente es que sean capaces de abordar las carreteras viradas con semejante agilidad, aunque en todo momento percibamos el “tirón” de su tonelaje en los apoyos más exigentes. El X6 que hemos probado no llevaba la amortiguación de dureza variable (Adaptive Drive) que se ofrece en opción, pero sí tenía unos enormes neumáticos en medida 275/40 R20 delante y 315/35 R20 detrás que también son opcionales. Con dicha configuración, su estabilidad me ha parecido simplemente espectacular y el X6 se inscribe en las curvas con un aplomo y una eficacia sobresalientes, mostrando en todo momento unas reacciones tan ágiles como progresivas. Semejante comportamiento me lleva a dudar si realmente es interesante gastarse el dinero en la suspensión variable opcional, aunque sigo pensando que la medida de neumático es algo exagerada (en opción hay otra medida todavía más ancha con llantas de 21”).
Al Range Sport TDV8 le pierde tanta sobrecarga y, aún siendo un coche destacable en estabilidad, eficacia y dinamismo, acusa la transferencia de pesos en mayor medida que el X6. Al límite, es ligeramente subvirador y se nota que tanto peso le lleva a “morder” en exceso los flancos de los neumáticos. No obstante, permite inscribir el eje delantero con facilidad, aunque las 3,2 vueltas de su dirección obligan a trabajar sobre el volante para apuntarlo por donde queremos. En el X6 percibimos la misma sensación y la dirección puede resultar algo lenta, acusando además un mayor radio de giro que su rival. La propia marca pone la solución, ofreciendo en opción una dirección activa que es mucho más rápida y directa.
El cambio automático que llevan ambos modelos resulta elogiable por su buen funcionamiento, adecuado escalonamiento de las seis marchas y comodidad de manejo, mostrando en el programa de uso “manual” la rapidez necesaria para poder disfrutar a fondo de la conducción. Además, ambas cajas dan automáticamente un golpe de gas en las reducciones para hacerlas más suaves y rápidas, aunque en el X6 resultan todavía algo lentas de 3ª a 2ª y 1ª marcha. A cambio, lleva de serie unas levas en el volante que aportan un manejo manual todavía más cómodo que en el Range. Los mejores elogios también para el equipo de frenos, que cuenta con unos enormes discos ventilados en las cuatro ruedas y proporcionan una frenada potente, equilibrada y resistente al sobrecalentamiento en ambos modelos. El X6 debería envidiar las pinzas monobloque de cuatro pistones (Brembo) que lleva delante el Range TDV8, aunque su tacto de frenada resulta también excelente. Así pues, el X6 supera a su rival en eficacia sobre el asfalto, pero a costa de una comodidad inferior (acusa en mayor medida la dureza de suspensiones), mientras que el Range Sport filtra las irregularidades del terreno de manera ejemplar y aporta una relación estabilidad/confort más favorable.
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