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HONDA CR-V VS. MITSUBISHI OUTLANDER VS. TOYOTA RAV4: ABRIENDO CAMINOS

Mundo 4x4 nº 048

ComentarEnviar a un amigoImprimir Textos  Víctor M. Fernández  Fotos  Jesús Izquierdo 

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El Honda CR-V, el Mitsubishi Outlander y el Toyota RAV4 tienen en común algo más que el tamaño, la potencia y el precio. Son tres modelos especialmente desarrollados para su uso por carretera, aunque también preparados para abrir nuevos caminos fuera del asfalto y adaptados a las necesidades creadas en torno a la familia, la funcionalidad y el ocio.

Los tres modelos probados a fondo en esta súpercomparativa tienen casi todo en común, aunque ciertos detalles diferenciadores pueden inclinar la balanza hacia uno u otro coche en función de nuestras necesidades personales. Con las características propias de los cada vez más de moda todo camino, cualquiera de ellos cumple satisfactoriamente los retos exigidos a diario en el uso cotidiano en cuanto a facilidad de conducción, funcionalidad y movilidad en tráfico urbano, pero también aportan muy buenas sensaciones cuando nos desplazamos por carretera y amplían sus fronteras de uso fuera del asfalto para ser compañeros de diversión y aficiones en nuestros momentos de ocio. A pesar de su carrocería sobreelevada y aspecto de “todo terreno”, tanto el CR-V, como el Outlander y el RAV4 ofrecen un destacable dinamismo en cualquier vía, contando con una puesta a punto que, aun siendo de tipo mixto para carretera y campo, prioriza el uso por carretera, además de llevar unos neumáticos claramente enfocados para rodar sobre asfalto. El Outlander 2.0 DI-D es el que tiene el reglaje de suspensión más durito, más “deportivo”, ideal para aquellos que disfruten de una conducción de estilo dinámico y aprecien especialmente aspectos como la estabilidad y la eficacia en carreteras viradas.
El modelo de Mitsubishi aporta un aplomo en curva excelente, si bien sigue manteniendo un compromiso de confort adecuado y en conducción al límite podemos apreciar cierto balanceo. No obstante, las suspensiones contienen correctamente los movimientos de la carrocería y el guiado del coche se muestra eficaz y progresivo en todo momento, con una tendencia inicial ligeramente subviradora que consigue hacer su conducción más sencilla y asequible. Además, si sabemos jugar con la transferencia de pesos, podemos provocar un progresivo deslizamiento de la zaga que nos ayuda a apuntar todavía mejor el morro hacia la salida de la curva.
Llevarlo hasta sus límites puede resultar algo exigente, a cambio de obtener una excelente agilidad en zonas viradas. En cualquier caso, todas sus reacciones son muy progresivas y el control de estabilidad (ASC) nos deja disfrutar plenamente de la conducción “deportiva” sin intrusiones, aunque actúa con eficacia cuando los sensores detectan una situación ya complicada. Lástima que a su motor 2.0 DI-D de origen Volkswagen le falte una mejor respuesta desde bajo régimen (empuja con fuerza entre 1.800 y 4.250 rpm), aspecto que incide en su capacidad de recuperación y en un menor agrado de conducción en el tráfico cotidiano.
Afortunadamente, el excelente escalonamiento de las marchas y rápido accionamiento de su cambio de seis velocidades disimula en buena medida tal aspecto y contribuye al máximo aprovechamiento de las cualidades del motor. El buen afinamiento del bastidor lo completan una dirección que ofrece una adecuada capacidad de giro y un equipo de frenos de excelente tacto y poderoso mordiente, aunque su resistencia al sobrecalentamiento resulte mejorable en conducción exigente.
El RAV4 D4D también nos permitirá disfrutar sin problemas de un estilo de conducción dinámico, aunque no vira tan plano como el modelo de Mitsubishi y resulta claramente más subvirador que su rival, al llevar las ruedas traseras más “agarradas” al asfalto. El control de estabilidad (VSC) no es desconectable, pero permite disfrutar de un ritmo ágil sin interferir más de lo necesario, avisando de que estamos alcanzando el umbral del deslizamiento con un pitido intermitente que escuchamos en el interior. En una conducción a fondo, dicho pitido puede resultar algo “pesado”, tanto más cuanto más bruscos seamos en la conducción, por lo que puede ser también un buen “profesor” para corregir las brusquedades y afinar la trazada.
Con tan sólo 2,9 vueltas de volante, su dirección de asistencia eléctrica es la más rápida del grupo y la que ofrece la mejor capacidad de giro, siendo por tanto el más ágil en angostos callejeos urbanos. El equipo de frenos cumple muy bien con su trabajo y tiene un tacto muy fácil de dosificar, pero la nueva caja de cambios de seis marchas ha perdido ese accionamiento tan rápido y preciso que tenía el anterior RAV4, aunque su escalonamiento parece adecuado y su manejo sigue resultando agradable en líneas generales.
En el Honda CR-V 2.2 i-CTDI encontramos un término medio en todo, con un reglaje de suspensiones algo más suave que en sus rivales y que aporta un confort de marcha superior en todo tipo de carreteras. Lo que tengo claro es que ha experimentado una mejora realmente importante en comportamiento respecto al anterior CR-V, ganando mucho en estabilidad, aplomo y seguridad. Llevado hasta sus límites también es ligeramente subvirador, aunque podemos inscribirlo en las curvas con más agilidad de lo que a priori podíamos esperar (dada la suavidad de la suspensión), al permitir “jugar” con un progresivo deslizamiento de las ruedas posteriores que nos ayuda a colocar el morro con mayor eficacia.
El control de estabilidad (VSA) parece bien afinado y permite realizar una conducción exigente sin actuar antes de lo necesario, pero el control de tracción entra en funcionamiento con cierta asiduidad al producirse algunas pérdidas de motricidad en el eje delantero (a pesar de ser 4x4). Esto hace que un piloto experimentado pueda llegar a disfrutar de una conducción todavía más eficaz si desconecta las ayudas electrónicas.
Eso sí, en cambios de apoyo pronunciados, apreciamos ciertos movimientos de carrocería que resultan mejorables y que denotan la puesta a punto más “aburguesada” de su chasis. El excelente motor i-CTDI brilla en prestaciones, consumo, bajas emisiones, escasa sonoridad y contenidas vibraciones, resultando además muy agradable en el uso cotidiano al empujar con fuerza desde bajo régimen. Es, por tanto, muy parecido al motor D4D del RAV4, cuyas cualidades son también ejemplares en todos los apartados, aunque la mecánica Toyota desarrolla algo menos de potencia y par aun teniendo la misma cilindrada.
En el resto de los apartados mecánicos, el CR-V cumple con nota, con una caja de cambios excelente en su rapidez y suavidad de manejo y un equipo de frenos que aporta una frenada equilibrada, eficaz, resistente al trato exigente y con un magnífico tacto. La dirección también resulta rápida y agradable en su manejo, aunque su capacidad de giro es inferior a la de sus rivales.

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